La diputada electa Yara Jiménez, designada de forma unánime por la fracción de Pueblo Soberano como candidata a la presidencia legislativa, delineó el estilo y las prioridades que marcarían su eventual liderazgo en el Primer Poder de la República. En entrevista con Noticias Trivisión, la legisladora aseguró que apostaría por una conducción “negociadora, pero exigente”, con el objetivo de elevar el nivel del debate parlamentario y devolverle legitimidad a la Asamblea Legislativa ante la ciudadanía.
“Mi estilo es muy negociador, pero voy a ser exigente. Me gustaría ver debates de alto nivel, no llegar a despilfarrar ni el tiempo ni los recursos públicos”, afirmó Jiménez, quien podría convertirse en la quinta mujer en ocupar la presidencia del Congreso.
Más horas de trabajo y reformas internas
Uno de los ejes centrales de su propuesta fue la ampliación de las jornadas legislativas. Jiménez no descartó extender el trabajo más allá de las seis de la tarde e incluso hasta las nueve o diez de la noche si las circunstancias lo requieren. “Si tenemos que trabajar hasta las nueve, diez de la noche, así va a ser. Somos un equipo firme, con ganas de sacar la tarea”, sostuvo.
La diputada electa también confirmó que su equipo ya analizaba reformas administrativas y reglamentarias, así como la integración de comisiones y eventuales ajustes en el funcionamiento del Directorio Legislativo. Según explicó, el abordaje incluía revisiones al tema administrativo, al reglamento interno y a los procesos de modernización tecnológica que se implementan en el Congreso.
Contexto político y reto de los 29 votos
Para asumir la presidencia legislativa, Jiménez necesitaría al menos 29 votos, lo que obligaría a un proceso de negociación con otras fracciones. En ese escenario, su discurso de diálogo cobra especial relevancia, en un Congreso fragmentado donde la gobernabilidad depende de acuerdos multipartidistas.
Además, su eventual elección se daría en un momento simbólico, con una mujer al frente del Poder Ejecutivo y la posibilidad de otra mujer liderando el Legislativo, el equilibrio de poder marcaría un hito político. No obstante, más allá del simbolismo, el desafío sería operativo: ordenar la agenda, acelerar proyectos y responder a una ciudadanía cada vez más crítica del desempeño parlamentario.
Jiménez reiteró que mantendría “las puertas abiertas” y que buscaría reconstruir la confianza en la institución. El reto, sin embargo, no solo será discursivo. La efectividad de su liderazgo dependerá de su capacidad real para articular mayorías, imponer disciplina en el uso del tiempo legislativo y convertir promesas de eficiencia en resultados tangibles.